Conocer los requerimientos de infraestructura de un país permite tomar decisiones de política pública que se traducen en inversiones estratégicas en los sectores de apoyo en toda la cadena de valor.

Inversión requerida para infraestructura en Colombia
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Cuando se hace referencia al enorme reto que tiene Colombia en materia de infraestructura es muy común que el debate se centre en los problemas de calidad y cantidad de nuestra red vial nacional, nuestros puertos y aeropuertos. Sin dejar de lado que en efecto tenemos un déficit importante en esta materia, los retos en infraestructura van mucho más allá, y probablemente la mejor forma de presentar el desafío es entendiendo que la problemática urbana es distinta a la nacional y a la rural.

Dichos requerimientos se estiman para los sectores de transporte, salud, educación y cultura y recreación. Los cálculos acá planteados se hicieron para un horizonte de tiempo de una década, teniendo en consideración el crecimiento poblacional de las ciudades, y como criterio de priorización de la inversión se propone aquella que contribuya a la provisión de los servicios básicos. Contar con estas estimaciones facilitará el proceso de asignación y priorización del gasto, con el fin de que las ciudades se acerquen a una provisión más adecuada de servicios para atender sus necesidades. 

Financiación de la infraestructura en los municipios del sistema de ciudades de Colombia
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Las ciudades tienen un rol fundamental en la economía colombiana, no solo concentran el 76% de la población sino que también son responsables del 85% del PIB del país. Además, de los beneficios económicos de las áreas urbanas, éstas están altamente correlacionadas con una mejor calidad de vida de sus habitantes. En este escenario, es relevante estudiar las ciudades y las formas en las que se interrelacionan para promover políticas que permitan potenciar sus beneficios sociales y económicos.

 La infraestructura juega el rol clave de conectar y dar los cimientos para acceder a una buena calidad de vida. Es importante que las ciudades respondan a las demandas de la producción a través de la provisión de vías y servicios de electricidad de calidad, pero también que brinden a los habitantes un ambiente apropiado y deseable para vivir, esto a través del acceso a vivienda y servicios básicos domiciliarios y acceso al espacio público, bibliotecas, colegios y hospitales.

Las dotaciones de infraestructura disponibles en cada ciudad son un indicador de la calidad de vida que esta ofrece y, por lo tanto, incide sobre qué tan atractivo es vivir en una ciudad en comparación con las demás. En el sistema de ciudades estas diferencias no son deseables porque influyen sobre las decisiones de migración de las personas sin que estén guiadas por una mayor o menor productividad relativa de las personas en las ciudades. En consecuencia los beneficios de aglomeración de las ciudades pueden resultar opacados por los costos de congestión y otros efectos negativos.Se debe incentivar a los hogares a migrar por las razones correctas: hacia las ciudades más productivas y no huyendo de la falta de acceso a servicios básicos, como agua potable o saneamiento.

La integración de los sistemas de transporte urbano en Colombia
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Las ciudades han demostrado grandes ventajas para el progreso de los países por su capacidad de mejorar las condiciones de vida para un número significativo de habitantes. En paralelo las ciudades permiten a las empresas aprovechar las ventajas de interacción entre ellas y con sus consumidores. Los dos ejes, calidad de vida y productividad, encuentran limitantes -mecanismos que los hacen menos efectivos- cuando las ciudades crecen mucho. Estas se conocen como externalidades negativas y provienen de las mismas bondades de las ciudades, dado que son generadas por la misma atracción que las hace vibrantes.

Un sistema de transporte público debe buscar la mejor forma de reducir las externalidades negativas del transporte público –congestión, accidentalidad y contaminación-, y encontrar el mejor balance entre el bienestar de los usuarios –tiempo y calidad del viaje- y los costos de operación del sistema. El efecto Mohring (1972) explica que la mayor frecuencia de buses genera un mayor bienestar para todos los pasajeros en la ruta porque en promedio esperan menos tiempo que el bus los recoja. No obstante, como aumentos en la frecuencia están asociados a mayores costos de operación, el sistema de transporte debe encargarse de encontrar el equilibrio entre estos dos extremos -entre calidad y optimización de costos operativos. En una situación extrema se tendría tantos buses pasando como pasajeros necesitan transportarse, sin embargo, una buena programación y cumplimiento de tiempos de las rutas son un punto intermedio.

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